Cuándo llevar a mi hijo a terapia infantil.

Los padres y madres suelen preguntarse, ante situaciones difíciles de manejar o que les sobrepasan, si es conveniente llevar a sus hijos a algún psicoterapeuta o psicólogo u otro profesional de la relación de ayuda. Muchas veces no saben ni a quién acudir.

Hoy quiero ofreceros algunas ideas generales que os puedan servir de ayuda.

Si piensas que tu hijo puede necesitar ayuda, si se te han acabado los recursos, la esperanza, la energía de poder resolver tú sola/o, lo primero que puedes hacer es consultar el asesoramiento de su pediatra, profesor u orientador del colegio, o incluso de los servicios sociales del barrio, según sea el caso. Pues estas personas te podrán recomendar normalmente algún profesional especializado en trabajar con niños o derivar a algún servicio público.

No siempre la solicitud de ayuda requiere psicoterapia. Es cuestión de que el profesional que le vea discrimine cuando es prioritario trabajar con los padres o con el niño. A veces es necesario cambiar las normas de educación del niño, otras ver si la problemática que plantean los padres tiene que ver más con algo propio de ellos y no del niño.

En primer lugar, y en mi caso como terapeuta familiar y pedagoga, lo que hago es tener una entrevista con los padres para escuchar el problema. A continuación, propongo una valoración del niño (en cuatro sesiones), para determinar si sus dificultades personales aconsejan o no una intervención terapéutica.

Algunos de los asuntos que tengo en cuenta son: el tiempo que hace que existe el problema, si se han hecho intentos de solución del problema y cuáles han sido, cómo fue la reacción del niño y si recayó o si el intento fue infructuoso, hasta qué punto el problema está interfiriendo en la vida normal del niño, o sea, el grado de gravedad que reviste el problema.

También valoro cómo está afectando el problema a la vida de la familia, si está afectando a la vida escolar o a su rendimiento académico, y si afecta al desarrollo global de la vida del niño.

Y por supuesto, considero si es un problema raro en la etapa de desarrollo en la que se encuentra ese niño, o si es el único problema del niño o es uno entre otros problemas que no se están haciendo visibles, pero están por debajo o entremezclados unos y otros.

Muchas veces los niños manifiestan claramente su malestar mediante sus conductas (mostrando su enfado, llorando, pegando, pataleando, tirando cosas, o de otros modos perturbadores), o por lo que dicen y la forma en que lo hacen. Sin embargo, en otras ocasiones, las evidencias son más sutiles o las conductas no parecen tan problemáticas. Por ejemplo, estando muy tranquilos, apagados, sin ganas de salir de casa, volviéndose introvertidos, soñolientos, sin querer salir a la calle a jugar con otros niños…

Para mí, la terapia, en general, y la terapia infantil, con sus especificaciones, es un lugar donde se ha de acudir cuando te duele el alma. El origen etimológico de la palabra psicoterapia hace referencia a ello (la unión de dos palabras psico -psyche- traducible como alma, y terapia, traducible como tratamiento). Creo recomendable acudir cuando a los padres se les acaban los recursos o sospechan motivos de sufrimiento o malestar elevados en ellos y/o en sus hijos.

Concretando más, algunas situaciones que llevan a los padres a preguntarse la necesidad de pedir ayuda o ir a terapia son: cuando aparecen problemas en el control de esfínteres (enuresis, encopresis), establecimiento de normas en casa, manejo de rabietas o problemas de conducta en el ámbito familiar y/o escolar, problemas derivados de la separación o divorcio de los padres, problemas en la conducta alimentaria, problemas de sueño (pautas para mejorar el sueño, despertares, pesadillas, terrores nocturnos), ansiedad (generalizada, de separación),fobias, miedos, depresión y problemas emocionales, disforia de género, consumo de sustancias, problemas de autoestima y seguridad, timidez…

Como sabemos, el mundo del niño es un mundo lleno de esperanza y optimismo, pues está todo por hacer, por construir, por verse, por formarse. A la par, es un mundo muy frágil y vulnerable, muy sensible, donde el niño puede romperse internamente o empezar a desarrollarse de modo inadecuado en momentos difíciles.

Hay niños que vienen a terapia conscientes de qué es la cosa que preocupa a sus padres o a ellos, tienen claro que hay algo que no pueden manejar como les gustaría, su ira, su miedo, lo que fuera. Otros no saben muy bien qué está pasando, pero sí que los papás o desde la escuela los mensajes que recibe son negativo. En fin, otros están despistados, y como les dicen que se despistan, por ejemplo, traen ese mensaje o identidad esperando la magia, que el terapeuta les cure.

El espacio terapéutico se convierte, en mi caso, en un espacio para conocer al niño que tenemos delante, mediante el juego y el afecto. Un sitio para el conocimiento y la contención.

El objetivo en estas sesiones terapéuticas es que el niño-a recupere su energía, ayudarles a integrar sus emociones, pensamientos y acciones para que puedan buscar y fortalecer los recursos que necesitarán llevar a la vida.

En fin, se trata de ver un poco más allá de lo que nos enseña ese pequeño: de cambiar la mirada que en cada caso se tiene acerca del problema por el que se preocupa la familia, o se ve a ese hijo-a, y poder tener otra narrativa que facilite el ir responsabilizándose cada miembro de la parte que a cada uno le toca.

 

Yo intento que la terapia signifique un espacio común, pedagógico, donde el niño/a aprenda nuevos repertorios o abanicos de respuestas que pueda usar de acuerdo a las situaciones de la vida. Un espacio donde salir al mundo reforzado, y más capacitado para construir su realidad, habiendo tenido la experiencia de un lugar donde poder ser uno mismo, sentirse aceptado y querido, comprendido, como individuo y como familia.

Por ello, la terapia infantil requiere su tiempo, para que puedan darse los cambios, a través de ese viaje por lo propio, donde toda la familia sale reforzada, y con nuevos recursos basados en las propias fortalezas. Es uno de los mejores regalos e inversión que podemos hacer en ellos, si lo necesitan, como el llevarles al ortodontista o a dónde veamos que les ayudará para crecer sanos. ¿No te parece?

Si vives en Pamplona y ves tu hijo necesita un apoyo especializado, en Aimarte puedo ayudar a tu hijo. Mi trabajo con él o ella, consiste en construir un lugar acogedor, abierto, amable y respetuoso para el niño y su familia. Le ofreceré un lugar afectuoso para conocerse un poquito más y eso llevarlo a su vida, a su casa, a las relaciones con sus hermanos, amigos, padres, etc. Puedes saber más de mi terapia con niños, haciendo clic en el siguiente enlace:
Terapia infantil en Pamplona

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