Los problemas que presentan las parejas son tan variados que no es fácil resumirlos brevemente. Sin embargo, se dan dos grandes tipos de situaciones que suelen ser las que hacen que se consulte a un profesional. Por un lado, parejas que no tienen grandes conflictos ni tampoco grandes proyectos o ilusiones. Son parejas que se han ido distanciando con el tiempo, con poca o nula intimidad o vida sexual, que apenas comparten vida social, espacios e intereses comunes.

Y por otro, parejas en conflicto, en las que constantemente se dan desacuerdos, en las cosas cotidianas y cuyo estilo comunicativo es destructivo y tóxico para ambos.

Gottman (1994) habla de este estilo bélico como los cuatro jinetes del Apocalíptico: críticas personales, desprecio, actitud defensiva y actitud evasiva. En muchas ocasiones esta manera de comunicarse tiene su origen en conflictos pasados, sin resolver, o bien en desencuentros por adicciones descubiertas o infidelidades etc.

Según la manera de ver el origen de los conflictos, éstos pueden relacionarse con diversos asuntos, como las diferencias sexuales entre hombres y mujeres por la construcción cultural del género, el patriarcado etc. (punto de vista biológico), o bien con las crisis que la pareja atraviesa en función de las transiciones que se dan a lo largo de las etapas del ciclo vital. P.e: “crisis de compromiso”, “crisis de convivencia”, “crisis del primer hijo”,” crisis del nido vacío” (desde un punto de vista sistémico) … erc.

En mi opinión, la pareja es una institución tan compleja, que tiene influencia lo individual, lo familiar, lo socio-cultural, lo biológico, lo mental, lo afectivo, lo relacional…y por ello las dificultades de la relación requieren un abordaje amplio, individual y con la pareja, según cada caso.

Generalmente, cuando una pareja se plantea acudir a terapia están en momentos diferentes: él no tiene queja y está bien como está, pero ella está profundamente insatisfecha; o al revés, él está pensando en la separación y ella sigue apostando por seguir juntos; ella quiere irse a vivir juntos y él está bien como está. Él no quiere comprometerse firmando papeles, y ella quiere casarse…Y con frecuencia, la iniciativa de ir a terapia surge de uno de los dos. 

Se puede hacer terapia de pareja individualmente, pero el formato conjunto es más habitual, precisamente por cómo suele llegar la pareja a hacer la demanda de ayuda.

En mi opinión es recomendable acudir a terapia de pareja cuando se entra en una crisis en la que se necesiten recursos para salir airosos y reforzar los vínculos ante las dificultades que se dan en la relación, bien por la convivencia, bien por múltiples factores que a lo largo del ciclo vital producen el desgaste y la desvitalización de la pareja.

El hecho de revisar y poder realizar cambios ante las dificultades o retos de la vida como son la crianza, el crecimiento de los hijos, su autonomía, el cuidado y muerte de los padres, la vejez etc.…necesita de una inmersión plena en el “campo de la pareja”, en ese espacio de vivencias de dos personas que se desearon y eligieron voluntariamente.

Está indicado solicitar terapia de pareja cuando ambos miembros quieren descubrir maneras nuevas para navegar mejor en la posibilidad del amor real y adulto, y crecer juntos, bajando del mundo infantil e idealizado acerca de la relación de pareja.

La terapia irá bien por supuesto o tendrá mayor éxito asegurado si cada miembro se pregunta qué está dispuesto a hacer para comprometerse con la relación. La terapia ayudará a hacerlo, es una de sus funciones también. Si cada uno hace su parte, y yo la mía-como terapeuta la haré, con mi compromiso con vosotros, mis recursos, mi trabajo de supervisión, y todo lo que esté en mi mano.

Esto es así pues el amor de pareja es el mayor reto de la capacidad de amar lo real, y digo lo real de uno y lo real del otro, y lo real de una relación que hace posible o que niega, mientras la seguimos eligiendo, al menos.

En general, diría que una pareja puede consultar a un terapeuta de pareja siempre que busque mejorar su comunicación, atravesando la cosa de quién tiene razón o no, quién tiene la culpa o no acerca de la crisis o el conflicto. Se trata de intentar evitar cambiar al otro, y apreciar las diferencias que enriquecen la pareja, cosa compleja en sí, pero posible.

Ocurre que la pareja en crisis, no es consciente del propio proceso, se pierde de vista a sí misma, su energía, su contacto…Para ello, para volver a coger esa solidez, es preciso hablar de lo que está pasando, sintiendo, pensando y experimentando cada uno.

Mi misión como terapeuta Gestalt y sistémica es guiar este proceso, moderarlo, para acompañar a la pareja a lo que sea su objetivo, recuperar su relación si así lo deciden, o dejarla ir de la mejor manera para ambos. Eso es también un buen amor hacia la pareja.

La pareja es una oportunidad para crecer, con muchísimos y variados retos, que ponen a prueba fortalezas y debilidades de cada pareja. Como decía antes: nacimientos, enfermedades o muertes de hijos, abortos, desequilibrios en el dar y el recibir, desajustes en el intercambio sexual, límites y reglas diversas, dificultades económicas etc. Por eso, en terapia de pareja, generalmente, la solución consiste en saber sobrellevar juntos las dificultades, pues la pareja está al servicio de la Vida, no de los individuos ni de las personas.

La CLAVE está en saber expresar el reconocimiento de lo que el otro da y hace, en el respeto e igualdad de rango. Y esto es lo difícil y para lo que muchas veces necesita la pareja pedir ayuda profesional.

Lo que está claro es que el amor no siempre es la gran fuerza todopoderosa, ni siempre es suficiente.

Como dice el poeta Miguel Hernández, todos llegamos con tres heridas: “la del amor, la de la vida y la de la muerte”.

La vida a veces tiene propósitos y planes que no siempre encajan con lo que queremos o nos gustaría ni con nuestros esfuerzos personales, por no decir que a veces son contrarios e indeseados.

Y ahí estamos todos, en la vida con o sin parejas, con lo que ello supone para cada cual. A aplicarse toca!!!!

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