¿Estás buscando “la tecla” que te ayude a conectar de forma adecuada con tu hijo adolescente y no sabes dónde está?

¿Te gustaría saber unas pautas que te faciliten comunicarte eficazmente, que te ayuden a dejar de gritar, de enfrentarte a él y te eviten distanciarte como no quieres y es lo que te está pasando?

¿Buscas algo que te saque del estancamiento con él-ella?

¿ Estás cansada de pelear y de perseguirlo para que haga la cama, recoja algo en casa, desconecte de la pantalla, se ponga con la tarea sin recordárselo 7 veces? En mi opinión, conviene formarse un poco en esta etapa del ciclo vital, para entender por dónde se andan y llegarles mejor.

Te propongo poder hacer un ejercicio de mirar la adolescencia de tu hij@ desde un sitio renovado. Vamos a ver junto qué sienten, piensan, y hacen nuestros adolescentes en su viaje de tránsito de dejar de ser niños para hacerse jóvenes autónomos.

LO QUE SON

La adolescencia es una etapa de transición. Ser adolescente es estar sumido en un cambio incesante.

El adolescente no solo crece hacia fuera, sobre todo crece hacia dentro. Su vida es un viaje de autoexploración total al centro de sí mismo. De esta investigación deriva el poner a los padres a prueba, pues el primero que está a prueba es él mismo investigando su intimidad.

Los adolescentes no se destacan por sus destrezas comunicativas, especialmente con sus padres y otros adultos que los quieren. Muchas veces se comunican mejor con cualquiera que no sea sus padres.

La clave está en ser curioso sin interferir, y en esforzarse por respetar la privacidad de su hijo para establecer confianza y acercamiento emocional.

El adolescente tiene dos tareas, que hace como puede, conocerse y construirse. Ambas requieren de toda su atención y exigencia, por eso es tan egocéntrico porque se juega su supervivencia. No es raro se le llene la boca de frases tremendistas, llenas de pesimismo, duda, inseguridad, soledad, miedo a lo desconocido.

Generalmente el adolescente toma la parte por el todo, quiero decir que toma cualquier circunstancia como un asunto de vida o muerte. Y en su modo de comunicar hace muchas generalizaciones y distorsiona la realidad.

El gran desafío para padres y educadores es ayudarles a comprender e integrar nuevas experiencias vividas, ayudándoles a reformular y especificar las generalizaciones, completando las supresiones y clarificando las distorsiones.

LO QUE PIENSAN

La adolescencia es una etapa de transición, donde se ponen los cimientos de la vida adulta, y se planifica la vida.

El adolescente empieza a pensar, a construir argumentos, a darse cuenta de ideas y sentimientos propios, y se empiezan a expresar, entrando en escena la ironía, el sarcasmo, el humor, los juegos de palabras…

Uno de los grandes descubrimientos de la adolescencia es la libertad. Empieza a darse cuenta de que es dueño y señor de lo que siente, piensa y hace, y esta revelación es la causa de la verdadera crisis de la adolescencia. A partir de aquí todo empieza a cambiar.

El ser humano, a diferencia de los animales, necesita aprender esta etapa de ser libre experimentando, probando, ensayando y equivocándose para darse cuenta que la vida, más allá de las circunstancias, es responsabilidad de cada uno.

Y con la libertad viene su reverso, la responsabilidad, cosa que no es tan visible fácilmente.

También se da el encuentro del desajuste del querer, que a veces es “no sé ni lo que quiero”. Es un momento de búsqueda desordenada de lo que quiere o incluso en contra de lo que realmente quiere, una búsqueda caprichosa o en desgana, o que quiere quererlo todo o no quiere nada.

LO QUE SIENTEN

La adolescencia es pura eclosión emocional. El adolescente se siente en el mundo, y siente el mundo. El cerebro bombardea sentimientos y el mundo se convierte en algo hermoso, horrible, desgarrador, cruel, maravilloso, y uno se siente feliz, deprimido, ilusionado, desgraciado, afortunado…

La vida afectiva alcanza su punto álgido, arrancando con fuerza e incluso violencia todo tipo de estados anímicos que pueden desequilibrar a la persona. Son emociones fugaces, que les embargan súbitamente, pero que duran poco…y también sentimientos (amor, odio, ira, miedo, rencor, felicidad…) más complejos y duraderos, aunque menos intensos, que suponen una elaboración más consciente de las emociones.

De algún modo, las emociones se sienten, y los sentimientos nos hacen sentir, como dicen Pilar Guembe y Carlos Goñi en su libro “Es que soy adolescente y nadie me comprende”. Las emociones no son ni buenas ni malas, depende lo que hagamos con ellas. Los sentimientos, en cambio, pueden ser positivos o negativos, constructivos o destructivos, potenciadores o limitantes.

Para un adolescente lo que siente es lo que es. Necesitan ayuda para aprender a controlar sus estados de ánimo, gestionar sus emociones y sentimientos para poder ganar equilibrio personal y ser felices.

LO QUE HACEN

Los adolescentes hacen en consecuencia de lo que piensan, sienten y quieren. Al estar sujetos a ese cambio incesante, el obrar adolescente a veces es tan imprevisible como sus sentimientos, pensamientos y decisiones.

Habitualmente, los padres nos preocupamos sobre todo de lo que hacen, perdemos de vista lo que piensan, sienten y quieren. Un adolescente es como si fuera un iceberg, el 90% de su intimidad la atisbamos por sus actos. Ver sólo el 10% sería no ver el iceberg.

A los padres y educadores nos preocupa mucho las conductas de riesgo. No hay viaje sin riesgos, y si no hay mapa ni brújula, no se sabe ni cuándo se ha llegado al destino. Por eso, es importante saber qué hacen los adolescentes, qué rumbo llevan, si van muy rápidos o demasiado lentos, por dónde han pasado, si se han detenido…

Atender a lo que hacen facilita saber cómo son, lo que pueden llegar a ser. Puesto que lo que se hace muestra una manera de ser, pero también moldea una personalidad. Y de ahí la importancia de no dejarlos solos, a la deriva, sino que observando su conducta podamos intervenir directa o indirectamente en lo que hace, y así ayudarles.

CÓMO DISFRUTAR AL COMUNICARNOS CON ELLOS

En las conversaciones que tengamos con ellos es muy útil usar preguntas desafiantes de sus frases o expresiones, reformular mucho las cosas con ellos, para hacerles reflexionar sobre lo que creen ser, lo que piensan, lo que sienten, lo que quieren y lo que hacen.

Hacerles pensar es facilitarles hacerse preguntas, y contestarlas, generando para sí mismos mapas mentales que les guíen en la acción.

En el fondo, los adolescentes están pidiendo a gritos que nos esforcemos en comprender algo que ni siquiera ellos comprenden, que no tiremos la toalla, que no nos desesperemos, que no los abandonemos que los sigamos educando, que cambiemos las estrategias que usamos, que tengamos más paciencia, nos acordemos de nuestra adolescencia, les acompañemos en su viaje, estando con ellos, compartiendo sus inquietudes, conociendo sus problemas, calmando sus miedos, impulsando sus sueños, y no nos enfademos o rechacemos cuando empiezan a darnos quebraderos de cabeza. Es cuando más nos necesitan. No lo olvidéis.

Sigue estas recomendaciones para disfrutar más con ellos :

1.Reconoce que no existe una receta exacta para la buena comunicación. Con un hijo puede ser acompañarle a la biblioteca, y con otro escuchar música la mejor manera de disfrutar con ellos…compartiendo sus intereses.

  1. Escucha más que habla. Evita interrumpir y poner atención cuando te cuentan algo que para ellos es importante, aprovechar cuando lo comparten prioritariamente.
  2. Crea oportunidades para hablar, estate disponible, por lo anterior, que ellos hablan cuando les “sale”. Algunos adolescentes prefieren hablar cuando llegan a casa de la escuela. Otros prefieren hablar en sobremesa, o antes de irse a la cama. Algunos padres hablan con sus hijos en el coche, en los desplazamientos a las extraescolares…
  3. Habla sobre sus diferencias de opinión, pues éstas son más fáciles de manejar cuando reconocemos que pueden ofrecer oportunidades importantes para evaluar los límites impuestos y negociarlos de nuevo. Esto pasa mucho con las horas de llegada a casa, los festivos o en verano…o con asuntos académicos diversos.
  4. Evita reaccionar de forma exagerada. Los gritos y acusaciones acaban con la conversación.  Trata de mantener fuera de la conversación tu ansiedad y tus emociones. No reacciones. Separa lo que es tuyo de lo suyo a nivel emocional, para que no le cargues más. “Es mejor preguntar, (por ejemplo si te contaran o le pillas que ha bebido alcohol), ‘¿Qué piensas sobre lo que hiciste? Vamos a hablar sobre esto’”.

En esta etapa los chavales se juzgan a sí mismos muy duramente, y son muy vulnerables cuando se abren con sus padres. Sabemos que la mejor manera de alentar un cierto comportamiento es recompensándolo. Si le críticas cuando tu hijo habla contigo, lo que él ve es que su franqueza le trae un castigo en vez de una recompensa.

  1. Háblale sobre las cosas que son importantes para él-ella. Ayuda ponerte en su lugar y en su época,  sin fingir interés por algo que te aburre. Hacer preguntas y escuchar le demuestra a su hijo que respetas sus sentimientos y opiniones. Estos son algunos de los temas que les interesan en esta edad:

la escuela, no la típica pregunta de qué habéis hecho en general, sino preguntar por actividades específicas.

– aficiones e intereses: deportes, música, libros..

emociones: ahora son importantes sus amigos, su popularidad, su sexualidad, estar en sobrepeso o flacos, el examen de matemáticas, sus notas, la ESO, el Bachillerato, entrar a la universidad, ser abandonados y el futuro del mundo. Y la lista no se acaba. Para saber mejor cuanto de importante es tal asunto, puedes preguntárselo: “¿Es este un problema pequeño, mediano o grande? ¿Qué es para ti tan importante? ¿Qué te preocupa?

la familia. Les gusta hablar sobre y participar en los planes para toda la familia, como las vacaciones, al igual que las cosas que les afectan individualmente, como las horas para llegar a casa y la cantidad de sus pagas semanales.

otros temas como las drogas, el alcohol, la sexualidad…

las vidas de los padres, esperanzas y sueños. Muchos adolescentes quieren tener una ventanita al mundo de sus padres, el mundo pasado y el presente.

– el futuro propio

– la cultura, acontecimientos cotidianos

  1. Hablarle con amabilidad y respeto. Los adolescentes a veces dicen o hacen cosas vergonzosas o mal intencionadas, a veces las dos cosas. No importa cuánto te provoque, siempre es mejor responder con calma. El respeto y el auto-control que le demuestres al hablar con su hijo algún día rendirá fruto en sus relaciones y conversaciones con otras personas.La manera en que se dicen las cosas es casi tan importante como lo que se dice. “Tu cuarto parece una pocilga,” no es tan práctico como decir, “Necesitas darte el tiempo para recoger un poco tu cuarto. Se te hará más fácil si dedicas 5 minutos ahora recogiendo la ropa, poniendo la sucia en el cesto y colgando la limpia. Después de comer puedes reorganizar tu estantería en 5 minutos”.

Los adolescentes prestan mucha atención al tono de voz que se utiliza con ellos, como los adultos… Tu eres su modelo y principal ejemplo ¡Cuida tu tono, mucho ánimo y a afinar las relaciones!

 

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