La motivación es la fuerza que nos tira hacia arriba, que nos mueve para dirigirnos hacia algo, y aprenderlo, hacerlo nuestro.

La motivación es más importante incluso que la propia capacidad inicial para hacer algo. El que una persona esté motivada a hacerse con algo va a ser la clave para que lo haga.

En general, en los niños y en los adolescentes, el barómetro de su valía- como personas que se están formando- son los estudios. Así lo transmitimos los adultos muchas veces.

En la adolescencia no es raro que la motivación se pierda por el camino.

Un muchacho en esta época puede quejarse por casi todo, por la tarea, los maestros, los entrenadores, los hermanos,  padres, amigos y compañeros. Puede pedir que lo dejen abandonar alguna actividad favorita, quejarse de aburrimiento y mostrar señas de haberse perdido en el instituto.

Algunos factores que predisponen a su desmotivación pueden ser:

Cambios biológicos. El comienzo de la pubertad—sea el inicio de la menstruación o medir 1,50 cm de estatura cuando tu mejor amigo mide 1,70 cm suele distraer a algunos adolescentes. Las distracciones dificultan concentrarse en el partido de basket o el proyecto de ciencias sociales que hay que entregar pronto.

Preocupaciones emotivas. Cuando lo más importante es pertenecer al grupo de los “populares”, o no sentirse solo o las inseguridades físicas, se requiere mucho más esfuerzo para concentrarse en las matemáticas.

El ambiente escolar. Un adolescente puede perder la motivación después de cambiarse de la escuela primaria a la secundaria o por una carga mayor de trabajo escolar o porque no se adapte al centro o al grupo.

Presiones sociales. Un joven puede ser influenciado por los amigos que piensan que ser un empollón “no mola”, que lo suyo es “hacerse chuletas” o que las chicas son mejores estudiantes.

Un cambio en la forma en que se perciben a sí mismos. Los adolescentes a veces creen que la capacidad intelectual es algo fijo y se comparan en capacidad con la de otros. Si se creen menos listos que otros de la clase, no se motivarán igual.

Falta de oportunidades. No todos pueden ir a clases particulares de inglés o  hacer actividades extraescolares. Su percepción acerca de sí mismos puede cambiar.

Escasa atención. Hoy día, con la tecnología los chicos están acostumbrados a programas de televisión y otras presentaciones rápidas, cortas y muy entretenidas.

Carecen de una ética de trabajo. Algunos adolescentes desmotivados quizás todavía no han aprendido que el éxito en la escuela es un proceso, y requiere de tiempo y esfuerzo. Hay muchas cosas que compiten por la atención de los alumnos, como lo que “se cuece” entre los pupitres y las notas que corren entre ellos. Los padres podéis alentar y dar oportunidades a vuestro hijo, pero en última instancia, el hijo es el responsable de que su tarea se haga y se entregue a tiempo, y/o la hija es la que tiene que practicar el violín por horas.

Os propongo algunas sugerencias para fomentar la motivación:

Darle un buen ejemplo. Lo que más les enseña es el ver que vosotros estáis cumpliendo con vuestro trabajo y obligaciones. Los padres debéis demostrar que valoráis el aprendizaje y el trabajo intenso.El modelaje que se dice.

Decirle al hij@ que el esfuerzo a largo plazo es la clave del éxito. Enseñarle a ponerse metas elevadas y a trabajar duro para alcanzarlas. Ayudarle a comprender el valor de enfrentar los retos y a descubrir cómo enfrentar o sobrepasar esos retos.

Proporcionarle orientación hacia clases adecuadas y buenas actividades para poder destacarse y ser útiles. El éxito puede ser un gran motivador y el aburrimiento puede ser una señal de que su hijo no tiene suficientes oportunidades para desarrollar sus talentos. Quizás necesita matricularse en un curso de inglés avanzado, una clase de arte o la oportunidad de ofrecerse como voluntario en un espacio del barrio donde trabajen con otros niños, como monitor etc.

Ofrécele tu apoyo. Elogiale si has visto un buen esfuerzo. “A veces los muchachos dicen que están aburridos, pero es porque no han hecho [esa actividad] antes” Quizás tu hijo necesite algunas sugerencias para comenzar un nuevo proyecto.

Busca sus puntos fuertes y desarróllalos. Todos los jóvenes tienen la capacidad de brillar en alguna área. Identifica qué es lo que tu hijo sabe hacer mejor, no importa lo que sea.

Comunícate con los maestros – tutores cuando sea necesario. A veces bajan un poco las notas, pero si son cambios mantenidos o bruscos, no lo dejes pasar, vete a hablar con el tutor para ayudarle o hablar de ello. Toma las riendas si sientes algo que no va bien.

Ten expectativas realistas. No le presiones y considera la personalidad y el temperamento del chic@- Asegúrate de repetirle para que lo grabe en lo más profundo de su corazón, que lo quieres por quién es y no sólo por lo que él hace.

Ten paciencia. La motivación de los adolescentes generalmente mejora, en mi experiencia, cuando los padres tomáis esta actitud de tener paciencia. Muchos adolescentes necesitan del don del tiempo para desarrollar la madurez que les permitirá terminar la tarea y los deberes domésticos con la más mínima supervisión.

Ayúdale a superar la sensación de fracaso o su baja tolerancia a la frustración. A veces, algunos chicos suspenden por primera vez en estas edades y la sensación de fracaso y de frustración les puede llevar a tal bloqueo, que quieran abandonar y sientan que no pueden con ello. Se deprimen muchas veces y no ven la salida.

También, muchos jóvenes están hartos de estar todo el día estudiando, no ven claro para qué, sino que les parece un rollo además estar años así. La única forma de protestar por algo impuesto es no estudiar.

El chico que se planta, deja de hacer las tareas, falta a clase o no estudia, plantea un problema familiar difícil de solucionar. Esta omisión genera una gran alarma. De ahí que, si los padres la pasan de largo, la consecuencia sea el fracaso escolar.

Por  eso, lo que los padres podéis hacer para ayudarles es hacer algo contrapuesto a lo que los adolescentes tienden a hacer. P.e.

  1. Ayudarles a filtrar positivamente.
  2. Hablar con ellos acerca de las diferentes sensaciones que les produce el estudio: aburrimiento, agobio, cansancio, tensión, y cuándo se manifiestan más.
  3. Comentar con ellos, que expliquen qué es para ellos estudiar (leer, hacer las tareas, memorizar, ir a clase, hacer trabajos, ir a la academia, hacer resúmenes…) para ver el grado de hastío.
  4. Inculcarles la cultura del esfuerzo, con metáforas como la de que la vida es una carrera de fondo, una carrera a largo plazo. Hay que marcar muy bien las etapas, más a corto plazo, por ejemplo: el siguiente examen, el siguiente trabajo, la siguiente evaluación. Así,los adolescentes necesitan saber estar en lo que  toca aquí y ahora, y esto lo han de aprender con la propia experiencia.

A veces los padres no podemos motivarlos, pero sí podemos darles motivos para seguir motivados, por ejemplo, de estas maneras:

  • Diciéndoles que han de buscar ellos mismos un sentido al estudio
  • Dándoles expectativas positivas sobre el estudio, transmitiendoles ideas como:

.»Atrévete a pensar, el saber te va a hacer más libre, te va a cargar de posibilidades diferentes, te va a dar más oportunidades”

. “Se consciente de que se trata de tu futuro. Visualízate en 5 años, ¿quién te gustaría ser? ¿qué te gustaría estar haciendo?, ¿dónde?, ¿cómo?, ¿qué crees que te gustaría haber hecho?

. “Ponte objetivos a corto/medio plazo”.

. “No te pierdas en la satisfacción inmediata porque te puedes perder otras aspiraciones más altas. “

. “Da siempre la cara con las notas. Atrévete a mostrar las que son”. Si “las mejoras, también te sentirás mejor, aunque tú vales por ti mismo no por las notas que sacas.

. “Comprométete con tu mejora, con tus hábitos si necesitas incorporar nuevos, o si necesitas, pide ayuda”.

. “Analiza cómo estudias, cómo haces las tareas».

. «Organízate el tiempo, llegarás a más cosas”.

ara ir  entrenando esta actitud de buen gestor emocional para que él tome tu ejemplo, se contagie, y tienda hacia arriba con tu apoyo, te propongo un ejercicio:

Piensa un poquito en ti, en tu adolescencia, ¿recuerdas cómo eras?, ¿qué pensabas?, ¿cómo te sentías?, ¿qué hacías? …Intenta poner otra mirada a ese héroe que tiene que atravesar por sus propios medios ese momento difícil, de tránsito de dejar de ser un niño en su travesía a ser un joven, y que no le puedes ahorrar los lugares por dónde pasar sin encontrar lo que necesita pasar para aprender.

¡Buena suerte madre y padre, en el apasionante viaje de motivar a tu hijo en la adolescencia!!! Siempre positivo!!!!!

 

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