Está claro que las personas no somos como los animales, que para ser libres no necesitan pasar por la adolescencia. Los humanos necesitamos la experiencia, probar, equivocarnos…para descubrir que nuestra vida depende fundamentalmente de nosotros mismos.

El gran descubrimiento de la adolescencia precisamente el darse cuenta de que las riendas de su vida las lleva cada cual, y no los padres, es la clave de la crisis adolescente.

Sin embargo,a ellos les cuesta ver la otra cara de la libertad, o, la responsabilidad. La cosa de que todo acto libre tiene un responsable es más difícil de asumir, pues el adolescente generalmente quiere querer, pero sin hacerse cargo de sus consecuencias.

Con frecuencia, es fácil que el adolescente se pierda con esto del querer, y le cueste saber realmente qué es lo que quiere. De ahí que busque modos de querer y experimentar el querer desde el capricho o la desgana o el quiero todo o no quiero nada.

Os propongo entrenéis la voluntad, la libertad y la responsabilidad con vuestros hijos adolescentes mediante la puesta en práctica de algunas ideas- desafíos para usar como respuesta ante algunas de las frases típicas que podemos escucharles en el día a día en esta etapa vital.

  1. “Yo hago lo que me apetece”.

Para que los padres podáis trabajar con ellos este asunto sería adecuado el cuestionarles:  qué significa “hago”, y qué significa “me apetece”. Y escucharle su reflexión.

Muchas veces los adolescentes confunden la libertad con querer hacer lo que les da la gana, lo que quieren. Es como si la voluntad del adolescente es caprichosa, voluble, yendo del me gusta, al me apetece, me sale de, me da la gana… y de eso se alimenta, como si fuera un globo que no tuviera un hilo que le ate al suelo. Es una voluntad hinchada, rellena de deseos, que confunde éstos con el querer, porque directamente quiere lo que desea, y eso es la libertad para ellos.

De ahí que choquen tanto con vosotros padres o con otros adultos, especialmente más con los padres y que os vean como gruñones, bordes, “corta rollos”, que convertís todo en tareas que tienen que hacer.

El uso del pronombre “me» significa que son ellos los dueños de sus actos, hacer lo que les sale de dentro sin tener que obedecer dictados.

El primer desafío de los padres es ayudarles a manejar bien estos verbos de “hacer» y “apetecer”, ambos inespecíficos y complementarios.

Es importante, darle con ellos unas vueltas a que, si solo hacen lo que desean, lo que tienen ganas, son bastante esclavos de sus apetencias. P.e si solo comen hamburguesas o macarrones, pueden acabar obesos, solos o incultos porque no existe control entre el deseo y la necesidad.

El desafío de los padres en la adolescencia entonces es ayudar a tensar el arco de la voluntad, a fortalecerla, a no desfondarse ante el primer revés o incomodidad.

Los padres necesitamos mantener un nivel de exigencia flexible, como si fuéramos el globo que los ata a la realidad, y así entrenarse ellos en que no pueden hacer todo lo que no les da la gana, como síntoma de un poco más de madurez.

  1. “Me da palo”. “Me da pereza”, “No hay ganas”

Estas son unas afirmaciones que combinan desgana e impersonalidad, además de ser un claro ejemplo de que no les motiva nada lo que les hemos propuesto (comprar ropa, ducharse… por ejemplo). Es como si les genera una abulia total, muestran una falta de voluntad total para cualquier mínimo esfuerzo.

Son los típicos adolescentes que se arrastran para ir haciendo, sacando el curso. Trabajan poco en clase, olvidan las tareas, y hasta los libros antes de los exámenes… y hasta sacar los libros de la mochila, es un “me da palo”.

Los adultos ya sabemos que todo cuesta esfuerzo, lo hemos aprendido con la propia experiencia, y seguimos en ello, ahora con la paternidad también. Pero los adolescentes aun no lo saben, les falta experiencia de vida, además creen que, si las ganas no salen de dentro, no pueden hacer más. Es como decíamos antes estar como en la dictadura de las ganas, contra las cuales sin embargo no son capaces de ponerse rebeldes, precisamente porque les faltan en este momento.

Así que nuestro segundo desafío como padres será ayudarles a buscar, sondear ¿qué es exactamente lo que te impide hacerlo? Y ¿cómo hago esto dirás, ¿verdad?

Te sugiero ir la táctica de la eliminación de las cosas que no son excusa suficiente para no hacerlo, p.e. ¿no tienes tiempo?, ¿no puedes?, ¿no tienes los medios?, ¿no ves por qué?

Estaría bien poder compartirle el mito del “carro alado» de Platón, adaptándolo un poco a sus circunstancias. Platón habla que el alma humana es un carro alado tirado de dos caballos, uno blanco, (que representa nuestra voluntad) y uno negro (que representa nuestros deseos). El carro está dirigido por un cochero, que es nuestra razón.

El carro, para avanzar, necesita: la dirección del cochero, y los dos caballos (cada uno haciendo su función),  el cochero tensando las riendas para que el caballo blanco tire con fuerza, no se relaje, y el negro frene a su vez a nuestros deseos.

A nosotros nos pasa lo mismo, lo que nos apetece no nos cuesta como lo que nos conviene.

Sólo hay una forma de llevar el carro a las alturas, dejar que el cochero dirija los caballos, que son quienes nos llevan guiados por la razón.

Así que cuando algo “da palo”, lo mejor es hacerlo. A la pereza no la podemos dejar mandar, al contrario, hay que hacer esto cuanto antes mejor, y dejar lo que gusta para el final.

Otra manera de ayudarles es enseñarle a organizarse el tiempo por medio de un horario realista y consensuado.

Otro modo de reactivarse es hacer deporte.

  1. “Que sí, que ya lo haré”

Esta frase resume de modo genial lo que en muchas ocasiones nos encontramos todos, las ganas de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy o lo que es lo mismo con la procrastinación. (no solo ocurre a los adolescentes, ¿no?)

Esta actitud no es que sea desidia, sino que es parte de una percepción del tiempo deficiente, algo que tenemos que aceptar los padres que en la adolescencia es muy normal.

Los adolescentes lo mismo pueden pensar que les sobra tiempo que les falta. No hay objetividad, o se pasan o se obsesionan, porque además no tienen enfocadas las prioridades, o sea, tener claro qué es lo que es urgente, importante, imprescindible, imprevistos… Cualquier cosa puede cambiar la jerarquía de sus intereses.

Aquí el tercer desafío consistirá en poner en marcha estas propuestas…

  1. Acotar al máximo y preguntar para provocar el compromiso con lo que dice que va a hacer. P.e.:
  • ¿Cuándo vas a leer el libro de castellano?
  • Ahora
  • ¿Cuándo es ahora?
  • Después de ver este vídeo
  • Ok, vengo luego, a ver qué tal lo has hecho.

Esto es, incluir las mayores concreciones posibles, el qué, cuándo, cómo, dónde, con quién, lo va a hacer para facilitar que lo haga hoy. De lo contrario entraremos en las dinámicas de las escaladas violentas que a veces son la dinámica que nos saca de las casillas a padres e hijos. Y ese no es el camino. Está claro.

  1. Ayudarle a escribir su ranking de intereses para que sean coherentes sus acciones con lo que quiere hacer (salida amigos, estudiar, deporte…).
  2. Ayudarle a ver la coherencia y la funcionalidad, esto es, que no deje para el final lo más urgente o difícil, o lo que menos le gusta.
  3. Abstenernos de facilitarle ayudas innecesarias porque al final los limita más. Si eres de l@s que hasta ahora le has ayudado más de la cuenta, siempre se puede reiniciar y volver a poner normas con exigencia y flexibilidad, por el bien de todos, y con humor a poder ser.
  4. Es importante que como madre-padre le dejes claro que la exigencia que le haces es para que él aprenda a autoexigirse, a hacer las cosas de modo propio sin necesidad de tu control. Así, tiene que ir desapareciendo paulatinamente, para que desde la distancia vaya siendo capaz de querer hacer lo que hace y no que haga lo que quiera.
  5. Ayuda también mucho el fomentar el trabajo en equipo en cualquier ámbito (académico, deportivo, en casa…), el implicarse en proyectos comunes.
  6. Insisto de nuevo, en la ayuda de tener un horario detallado para encauzar la voluntad. El papel lo soporta todo y aunque haya cambios… ayuda a dirigirla hacia ese objetivo.

Seguro que, con esta ayuda auxiliar, colocamos la mirada de modo diferentes y podemos acompañar más eficazmente y amorosamente  la relación madre/padre – hijo que si nos dejamos llevar por la reacción de los juicios internos tipo “es que eres un…”, “castigado hasta el infinito”,  que nos hacen alejarnos y rompen el vínculo, para luego muchas veces no cumplir con ello.

Necesitamos entrenar la  fortaleza y la templanza, es una misión posible. ¡Vamos! ¡Ya me cuentas!

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