En mi experiencia como terapeuta de pareja, estos tiempos están haciendo que las relaciones de pareja se resientan, las situaciones difíciles  que estamos viviendo, no ayudan.  Muchas parejas demandan terapia para mejorar su relación o se plantean el divorcio de una manera bientratante. Es una época en la que estamos abriendo los ojos a una mayor conciencia.

Los veranos son propicios para el amor pero también lo son para los divorcios, la verdad. Me sorprendía leyendo esta semana en la prensa que sólo en Navarra los divorcios aumentaron un 24% entre junio y septiembre, llevando el 28 % de los que se divorciaron más de 28 años casados, el grupo más numeroso. Un 20% llevaba entre 10 y 14 años casados y otro 20% entre 5 y 9 años. Asimismo, el 17% del total llevaba menos de 4 años.

Las relaciones de pareja son relaciones complejas. Amar es una tarea de reconciliación contínua. El crecimiento de la pareja sno es cosa fácil de armonizar. Las dudas muchas veces aparecen, y las preguntas se agolpan en la cabeza. ¿Esto es para mí?, ¿Seré yo que estoy mal de la cabeza, que soy una rara?. «Es igual que su madre, nunca cambiará…». » No soporto sus silencios, ni sus gritos…».

Muchas veces ahí se quedan las incógnitas, los enfados, las fantasías, rumiando internamente, facilitando estados de desesperanza y miedo permanentes.  Si no tenemos recursos óptimos, las relaciones se rompen por incapacidad de superar las épocas de crisis. Ahí se busca a veces terapia, y unas veces se llega a tiempo, otras es demasiado tarde.

Generalmente una de las problemáticas más frecuentes en las relaciones de pareja son los déficits en la comunicación, de donde se deriva muchas veces esa distancia tan enorme que hace tanto daño a ambos. El trabajo de poder compartir los sentimientos abiertamente, evitando los enganches y disputas habituales, mediante un tercero en la relación que es el terapeuta, hace disminuir mucho la ansiedad, la reactividad, la incomodidad, la confusión, la rabia, la soledad, etc… que uno siente por el otro. Se aprende a comunicarse desde otro sitio.

El poderse mirar, expresar el sentir y hacerse cargo cada uno de lo suyo, respondiendo de modo más adulto y menos reactivo va ayudando a cada uno y a la relación entre ambos. Sea lo que sea que devenga a la pareja, dejar de convivir o seguir juntos, siempre hay que procurar darse un buen trato, y más aún si hay hijos de por medio.

Las relaciones de pareja no son matemáticas, esto es, que aquí 1+1 no son 2, sino que 1+1=3. Lo que significa que la pareja es lo que llevas Tú, lo que llevo Yo y lo que llevamos a ella Tú y Yo.

En los inicios, un ejercicio que propongo para ir hacia adelante tiene que ver con  revisar la historia de la pareja, de dónde venimos, y recordar cómo nos conocimos. Cuando las cosas están difíciles, y más cuando han pasado muchos años de convivencia, se acumulan muchas situaciones difíciles, enfados o cosas pequeñas que no se han expresado claramente y que se han ido haciendo grandes escollos. Es interesante recordar lo que os atrajo al uno del otro, ese beso, ese detalle, ese…, ese sentimiento de compañía, de no estar solo, de no estar sola, y esa pasión y urgencia de veros.  Quizás eso esté en el olvido lejano, en la nevera…

Así que lo primero que hay que recordar, incluso a las nuevas parejas, a los que aún no conviven pero también les ha pillado el covid sin posibilidad de hacer muchas cosas realmente, que hay que echarle imaginación y creatividad a la pareja sí o sí para que ésta crezca. Con ello quiero decir que traer ese pasado al presente y vivir en presente y – en el cuerpo – esa experiencia en silencio, será muy entrañable.

¿Cómo fue el encuentro primero? ¿Dónde tuvo lugar? ¿ Qué te atrajo de él? ¿Qué te atrajo de ella? ¿Qué pretendíais el uno del otro? Si os podéis escuchar esto sólo, sin interpretar, quedándoos mudos cuando el otro lo cuenta, será un ratito en el que la forma de manejar la comunicación entre vosotros variará seguro.Confío en que aparecerá aquél sentimiento de complicidad y compañerismo que os unió en el pasado, y una escucha más limpia. El hecho de hablar de la propia experiencia, de por dónde uno anda en relación al otro miembro de la pareja, en este momento de la vida en el que os encontráis, qué es lo que siente y no lo que «debería sentir «, el ser honestos y claros, compartir vuestras necesidades, sin herir, sin echar la culpa y sin juzgar al otro, ya va a ser un enorme acto de amor hacia vosotros mismos y hacia la pareja. Quizás mucho más que lo que a priori penséis que sería cualquier sentimiento positivo que habríais de sentir. El amor es con lo que sí y con lo que no me gusta de ti.

El gesto amoroso compartido aunque sea de expresión de algo que no me gusta, que no me nutre… de algo que es en principio negativo, es más amor sin ninguna duda que el gesto que no me gusta y me callo, pues éste se enquista y sale en otro momento y de manera no deseada. Darse cuenta la pareja de la propia responsabilidad personal en la relación es mucha capacitación.

Lo más fácil y habitual es echarse la culpa de lo que no funciona en la relación muchas veces. Y no nos damos cuenta que la pareja es el mejor sitio para aprender de uno mismo, de una misma. Es un gran espejo.

Mucha salud para el amor en las parejas y más en tiempos de covid. Si queréis mejorar, os acompaño.

 

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